Ariel Puyelli -
No hagas caso siempre a lo que dice la gente de vos -le
había aconsejado una vez el papá-. Algunas veces te da
buenos consejos, pero otras, te critica por envidia o por el
placer de criticar. De todas maneras, escuchá lo que las
arañas y el resto de los animales te digan, porque siempre
podrás sacar de sus palabras alguna enseñanza. Sin
embargo, existen las fiestas de cumpleaños, porque la gente
del país del Sabio es muy gustosa de los festejos y
celebraciones. Así es que cuando tienen ganas - cosa que
ocurre todos los días - celebran cumpleaños o años nuevos
que no existen. Que todos los días hay también fiestas de
casamientos y despedidas de viajeros que no van a ningún
lugar. Lo hacen por el sólo placer de reunirse y beber
chocolatada y comer muchos dulces. El país del Sabio es muy
alegre y allí todos trabajan contentos porque saben que a
una hora determinada del día llegará algún festejo en el
cual reunirse y bailar cantando todos a los gritos,
desafinando y comiéndose las eses. -
Dime, pequeña -dijo el Sabio mirándola profundamente a los
ojos-. ¿No crees tú que si miraras el mundo real con los
mismos ojos que miran este hermoso paisaje ahora, si
escucharas con estos oídos los sonidos del mundo real, si
acariciaras con estas manos las texturas del mundo real y si
te dejaras calentar la piel con la luz del sol del mundo
real, no podrías sentir la misma sensación? -
Cuando capto la atención de las personas y las obligo a
pararse frente a los espejos, les devuelvo la imagen real
que ellos tienen, no la que creen tener. Algunos disfrutan
con ella; otros, lamentablemente, no pueden hacerlo porque
no están conformes consigo. Para algunas personas, el
espejo es un tormento porque se ven a sí mismas y ven todas
las miserias de sus corazones. Pero para la mayoría, es un
verdadero placer contemplar su verdadera personalidad en un
espejo. Dicen
los paisanos que el que cava y saca esqueletos y cosas de un
chenque, que es el cementerio de los indios antiguos,
tendrá un castigo de cien años para él y para su familia.
Dicen que ahí están sus antiguos parientes y que ellos los
maldicen. Dicen que todos los que han sacado flechas, huesos
y cacharros se han muerto pronto o han quedado malditos. Y
dicen que conocen muchas personas que han muerto por eso. Los
paisanos tienen miedo de pasar cerca de los chenques en la
noche y los miran con respeto supersticioso. Los chenques
son como tesoros enterrados. El
Jardín había sido creado por un importante señor de la
historia del pueblo. Pueblo éste que jamás había llegado
a ser una ciudad grande, como él lo había imaginado. En su
herencia, donó a la municipalidad esa propiedad para que
allí las generaciones futuras tuvieran un sitio de
esparcimiento sano y puro y de contacto con la naturaleza.
Las autoridades aceptaron muy gustosas la donación e
inmediatamente plantaron árboles de muchas especies, según
el diseño de un especialista en el tema que fue traído a
propósito desde la ciudad. Pérez
creció muy fuerte y sano. Se notaba que era un ratón muy
inteligente, aunque para algunos, demasiado preguntón. Es
que era un ratoncito muy curioso y todo le llamaba la
atención.
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