Cuervos Moyano Participa Una Organizacion Mafiosa Noticia
Si uno escucha las ingeniosas declaraciones del abogado de Moyano, Daniel Llermanos, puede pensarse que se trataba de una amenaza de paro contra el gobierno por no haber defendido a su aliado. El asunto es que su aliado (Moyano) suele no hacerse cargo de sus actos o de su historia y por eso extorsiona públicamente.
Elija usted el refrán que más le guste, el más formal y tradicional o el más chabacano y vulgar. De todos modos, el significado será similar, en tanto refleje lo que le ocurre al gobierno con su aliado principal, convertido hoy en un karma, llamado Hugo Moyano. Los más fervientes defensores de lo indefendible explican el avance redoblado del líder de la CGT y de los Camioneros sobre el poder político de la presidenta Cristina como una muestra de la natural tendencia del movimiento obrero organizado a pelear sitios de poder dentro del aparato peronista. Los más realistas y respetuosos de la verdad, en cambio, comienzan a recular en ojotas mientras observan que la lógica extorsiva que Moyano aplicó como religión a la hora de capturar poder se empieza a aplicar sobre quienes lo ungieron figura central de este "modelo".
El episodio detonante, que afortunadamente para el gobierno se detuvo gracias al sentido común que ocasionalmente aparece en el oficialismo, fue el exhorto de la justicia suiza en el que se menciona a Moyano como un posible socio de la empresa recolectora de residuos Covelia, investigada por movimientos confusos de cuentas bancarias en ese país. Los voceros del gobierno se detuvieron en explicar que es una provocación o que al líder camionero no se lo menciona expresamente en la causa, mientras Moyano -con mejor información sobre sí mismo que nadie- convocaba a un original paro de transporte y pretendido paro general contra el gobierno suizo o contra los diarios que difundieron la noticia de una manera que no era del agrado del secretario general de la CGT.
En verdad, si uno escucha las ingeniosas declaraciones del abogado de Moyano, Daniel Llermanos, puede pensarse -y políticamente suena coherente- que se trataba de una amenaza de paro contra el gobierno por no haber defendido a su aliado.
El asunto es que su aliado (Moyano) suele no hacerse cargo de sus actos o de su historia y por eso extorsiona públicamente a quien no sale en su defensa del modo en que él espera. La queja de Moyano a través de Llermanos fue que Cancillería se hizo eco de un exhorto destinado a completar un plan sistemático de ataque al camionero, en el que curiosamente también participa un fiscal suizo. En otras palabras, Moyano esperaba que sus aliados en el gobierno cajonearan el pedido judicial suizo y, en caso contrario, quedarían inmersos en el plan sistemático destinado a desprestigiarlo.
Conviene hacer un poco de memoria. Quizás el más encumbrado actor del plan sistemático contra Moyano sea el propio Moyano o algunos de quienes lo representan. Recordemos que, por ejemplo, Llermanos caracterizó como un intento de pacificación de una batahola la decisión del chofer del hijo de Moyano, Emilio "Madonna" Quiroz, de empezar a los tiros en el acto de traslado de los restos de Juan Perón a la quinta de San Vicente. Recordemos también que un estrecho colaborador de Moyano apareció acusado de instigador del crimen de otro colaborador del líder cegetista, el tesorero de la Federación de Camioneros, Abel Beroiz. Se puede asimismo recordar que Moyano aparece mencionado prolijamente en la causa de la llamada "mafia de los medicamentos", la misma que mantiene preso desde hace casi dos años al dirigente bancario Juan José Zanola. O, si se quiere ir a casos más anecdóticos, se puede recordar la forma en que el sindicato de camioneros, bloqueando la puerta de las empresas pertenecientes a otro rubro, obtuvo el tremendo crecimiento en el número de afiliados.
En cambio, Moyano, como admiten los kirchneristas, es un burócrata sindical, según la terminología setentista a la que el oficialismo es tan afecto. Pero, agregan, es "nuestro" burócrata sindical.
Ese aliado, ante la aparición de una denuncia que lo involucraba en un posible delito, no buscó defenderse, sino exigirle al gobierno que lo prohijó que lo defendiera sin más ni más. Y se convirtió, para ese mismo gobierno aliado, en una amenaza electoral, mayor que cualquier alianza o frente opositor: Moyano sabe que su capacidad de parar el país (generada no inocentemente por el propio kirchnerismo), alejaría a las capas medias que con tanto ahínco el cristinismo pretende reconquistar. Del mismo modo que la permanente confesión del deseo de poner a un dirigente sindical como candidato a vicepresidente de una eventual reelección de Cristina funciona como una amenaza de chantaje o un intento extorsivo de negociación, dado el poder de fuga de votos de clase media que eso supondría.
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